Entro a ciegas en la casa morada:
aventura de violetas
ni pequeñas ni frágiles
manchadas de todo
La promesa del territorio abierto
cruzando el arbitrio del alambre de púa
rasgando piel y vestidura
Las manos ya no tienen mansedumbre
con tanta exigencia los cometas se volaron
chocaron con su cola
Busco el límite en la casa púrpura:
en mi tierra que nombraron fértil
se olvidaron las plantas de nacer
En el camino de descenso
no hay frontera
hacia abajo
densa negra
la estancia del frío
a pleno sol
se enreda en mi muslo el calor
una distinta se acerca hacia mí
No hay límite
y el cordón en el suelo
me tira de vuelta a la casa roja
tus guías
de la matriz a la tumba te dijeron:
nunca tuvimos casa
ni nos quedamos quietas
nuestro color
es nómada.
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