Y lamentablemente, soy como la gran mayoría. Tengo que llegar lo más al fondo posible, tengo que cruzar el límite, y forzarlo, tengo que -literalmente- quedar echa mierda para aprender lo que realmente me hace daño, y así, al fin, evitarlo.
(El vaso vacío pide disculpas, no se puede perdonar, y así mismo yo lo voy consolando, lo vuelvo a llenar, lo acaricio, lo asesino una y mil veces, hasta que finalmente, termina él matándome a mí).
Y así como pasa en la vida de A, pasa en América.
No hay comentarios:
Publicar un comentario